La inflamación es una respuesta natural del organismo ante lesiones, infecciones o irritaciones, caracterizada por enrojecimiento, hinchazón, calor y dolor. Los medicamentos antiinflamatorios actúan interrumpiendo este proceso para reducir estos síntomas molestos y restaurar el bienestar del paciente.
El mecanismo de acción principal de estos fármacos consiste en inhibir las enzimas ciclooxigenasas (COX), responsables de la producción de prostaglandinas, sustancias que desencadenan la respuesta inflamatoria. Al bloquear esta cascada bioquímica, se consigue disminuir significativamente la inflamación, el dolor y la fiebre asociados.
Es importante distinguir entre inflamación aguda, que es una respuesta temporal y beneficiosa del cuerpo, e inflamación crónica, que puede persistir durante semanas o meses y resultar perjudicial. El tratamiento antiinflamatorio ofrece múltiples beneficios: alivia el dolor, reduce la hinchazón, mejora la movilidad articular y acelera el proceso de recuperación, permitiendo al paciente retomar sus actividades diarias con mayor comodidad y calidad de vida.
En el mercado farmacéutico español encontramos varios tipos de antiinflamatorios, cada uno con características específicas adaptadas a diferentes necesidades terapéuticas:
Los AINEs actúan inhibiendo las enzimas COX de forma reversible, mientras que los corticosteroides suprimen múltiples mediadores inflamatorios actuando sobre el núcleo celular. Los antiinflamatorios tópicos proporcionan acción localizada con menor absorción sistémica, reduciendo así el riesgo de efectos secundarios generalizados.
El ibuprofeno es uno de los antiinflamatorios más utilizados en España, disponible en múltiples presentaciones como comprimidos de 400mg y 600mg, sobres efervescentes y geles tópicos. Su dosificación habitual para adultos oscila entre 400-600mg cada 6-8 horas, siendo efectivo para el tratamiento del dolor leve a moderado y la reducción de la inflamación.
El diclofenaco se presenta en diversas formas farmacéuticas que permiten su administración según la necesidad del paciente. El gel tópico es ideal para dolores localizados, mientras que los comprimidos de 50mg son efectivos para el dolor sistémico. Las presentaciones inyectables se reservan para casos que requieren un alivio rápido bajo supervisión médica.
Entre los antiinflamatorios más prescritos encontramos:
Los antiinflamatorios son especialmente efectivos para tratar dolores musculares causados por sobreesfuerzo, contracturas o tensión. También proporcionan alivio significativo en problemas articulares, reduciendo tanto el dolor como la inflamación en articulaciones afectadas.
En lesiones deportivas como esguinces, contusiones o tendinitis, estos medicamentos facilitan la recuperación al controlar la respuesta inflamatoria. Su uso es fundamental en el tratamiento inicial de traumatismos menores.
Los antiinflamatorios son esenciales en el manejo de:
Los antiinflamatorios están contraindicados en personas con alergia conocida a estos medicamentos, úlcera péptica activa, insuficiencia renal grave o enfermedad hepática severa. También deben evitarse en pacientes con historial de hemorragia gastrointestinal o trastornos de la coagulación.
Los efectos secundarios más comunes incluyen dolor abdominal, náuseas, acidez estomacal y dispepsia. En casos más graves pueden aparecer úlceras gástricas o duodenales, especialmente con uso prolongado o en dosis altas. Se recomienda tomar estos medicamentos con alimentos para reducir la irritación gástrica.
Los antiinflamatorios pueden interactuar con anticoagulantes, diuréticos, medicamentos para la hipertensión y otros fármacos. Durante el embarazo se desaconseja su uso, especialmente en el tercer trimestre, y durante la lactancia debe consultarse con el médico. Las personas mayores requieren dosis ajustadas debido al mayor riesgo de efectos adversos.
Es fundamental consultar si aparecen síntomas como dolor abdominal intenso, heces oscuras, vómitos con sangre, dificultad para respirar o signos de reacción alérgica como erupciones cutáneas o hinchazón.
La dosis debe ajustarse según la edad, peso y gravedad de los síntomas. Los adultos suelen requerir dosis mayores que los niños, y siempre debe respetarse la dosis máxima diaria indicada en el prospecto. La duración del tratamiento debe ser la mínima necesaria, generalmente no superior a 7-10 días sin supervisión médica.
La presentación tópica (geles, cremas) es preferible para dolores localizados y presenta menos efectos sistémicos. La vía oral se reserva para dolores generalizados o cuando la aplicación tópica no es suficiente. Siempre es recomendable consultar con el farmacéutico o médico para elegir la opción más adecuada según cada caso particular.